Hoy tú y yo tenemos el enorme privilegio de decidir qué vamos a hacer con este día.
Si tú quieres puedes quedarte anclado en el pasado rumiando las cosas que debieron ser y no fueron, las cosas que tenías que decir y nunca dijiste, lo que dijiste que no debiste decir, lo que sentiste que no debías haber sentido, lo que hiciste que no debías haber hecho o lo que no hiciste que hubieras querido hacer.
Si tú quieres puedes quedarte en el pasado; pero tienes que saber que cada hora, cada minuto, cada segundo que permanezcas allí hoy, será tiempo que jamás podrás recuperar. El pasado, pasado está. Ya no podemos hacer nada con él, más que recoger la experiencia vivida y traerla como aprendizaje para hoy. El pasado es historia y no te pertenece, le pertenece a la historia.
O bien, si tú quieres puedes quedarte también anclado al futuro, rumiando las cosas que quizás vendrán. Pensando tal vez que: cuando tengas un mejor trabajo, entonces podrás…, o que cuando tu hija crezca, tal vez…, o que cuando tengas dinero entonces…
Tú puedes quedarte fantaseando con el futuro, pero debes de saber que el tiempo que hoy te gastas esperando que las cosas sucedan es tiempo que jamás vas a recuperar. Y no se trata de renunciar a nuestra visión de futuro o a nuestros sueños, se trata de construirlos desde hoy mismo. El futuro es un misterio y no te pertenece; ni tú, ni yo tenemos la certeza del mañana.
Lo único verdaderamente cierto que tenemos es este día: hoy. Y lo llamamos presente porque es un regalo de la vida.
Por eso, cuando me levanto cada mañana le agradezco a la vida y abrazo tiernamente a mi hija y le digo: “buenos días mi amor”, porque quizás mañana sea tarde. Llamo a mis padres a agradecerles mi existencia, porque quizás mañana sea demasiado tarde. Emprendo la acción de cada día, porque quizás mañana sea demasiado tarde.
Hoy es el primer día, de mi último día, de mi único día, para ser mejor.
Un día a la vez
Hoy tú y yo tenemos el enorme privilegio de decidir qué vamos a hacer con este día.
Si tú quieres puedes quedarte anclado en el pasado rumiando las cosas que debieron ser y no fueron, las cosas que tenías que decir y nunca dijiste, lo que dijiste que no debiste decir, lo que sentiste que no debías haber sentido, lo que hiciste que no debías haber hecho o lo que no hiciste que hubieras querido hacer.
Si tú quieres puedes quedarte en el pasado; pero tienes que saber que cada hora, cada minuto, cada segundo que permanezcas allí hoy, será tiempo que jamás podrás recuperar. El pasado, pasado está. Ya no podemos hacer nada con él, más que recoger la experiencia vivida y traerla como aprendizaje para hoy. El pasado es historia y no te pertenece, le pertenece a la historia.
O bien, si tú quieres puedes quedarte también anclado al futuro, rumiando las cosas que quizás vendrán. Pensando tal vez que: cuando tengas un mejor trabajo, entonces podrás…, o que cuando tu hija crezca, tal vez…, o que cuando tengas dinero entonces…
Tú puedes quedarte fantaseando con el futuro, pero debes de saber que el tiempo que hoy te gastas esperando que las cosas sucedan es tiempo que jamás vas a recuperar. Y no se trata de renunciar a nuestra visión de futuro o a nuestros sueños, se trata de construirlos desde hoy mismo. El futuro es un misterio y no te pertenece; ni tú, ni yo tenemos la certeza del mañana.
Lo único verdaderamente cierto que tenemos es este día: hoy. Y lo llamamos presente porque es un regalo de la vida.
Por eso, cuando me levanto cada mañana le agradezco a la vida y abrazo tiernamente a mi hija y le digo: “buenos días mi amor”, porque quizás mañana sea tarde. Llamo a mis padres a agradecerles mi existencia, porque quizás mañana sea demasiado tarde. Emprendo la acción de cada día, porque quizás mañana sea demasiado tarde.
Hoy es el primer día, de mi último día, de mi único día, para ser mejor.
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