Déjame compartirte algo especial que me regalaron hace poco. “Cuando llegamos a una edad avanzada y evocamos nuestra vida, esta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. Así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos, que nuestra consciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas que conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas.
La totalidad de estos elementos se unen como una gran sinfonía, y todo se estructura no conscientemente con todo lo demás…El grandioso sueño de un solo soñador, en donde todos los personajes del sueño también sueñan… Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada.
Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello, que siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía. Si estamos verdaderamente comprometidos a realizar nuestro sueño, descubriremos que existe una fuerza poderosa que está más allá de nosotros y nuestra voluntad consciente, una fuerza que nos apoya en el camino, alimentando nuestra búsqueda y transformación.
A menudo he tenido experiencias, aparentemente accidentales, tanto en el trabajo como en mi vida privada, y siempre me he sentido intrigado por ellas y me he preguntado cómo ocurren… Mi indagación de la sincronicidad surgió de una serie de sucesos existenciales que me llevaron a un proceso de transformación interna…
Las cosas empezaron a encajar sin esfuerzo y empecé a descubrir personas notables que me prestarían un apoyo inestimable. Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes.
Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearán automáticamente. Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil. Hay dos cosas en las que he llegado a creer, implícitamente, acerca del mundo en el que vivimos, una es que nada de lo que en él ocurre es independiente de cualquier otra cosa.
La otra es que nada de lo que ocurre es completamente fortuito y producto del azar. Estas dos creencias son parte de la misma intuición: si todo lo que ocurre esta de alguna manera enlazado con todo lo demás, ello quiere decir que todo actúa de alguna manera sobre todo lo demás. Nada ocurre de una manera puramente azarosa. No existe tal cosa que sea pura coincidencia. Cuando algo ocurre, lo hace en cierta relación, a pesar de su probabilidad aparentemente sútil, con otras que pasan o han pasado dentro de esa región de espacio y de tiempo.
Todos hemos tenido esos momentos perfectos en los que todas las cosas parecen encajar de una manera casi increíble en los que los sucesos que no podíamos prever, y mucho menos controlar, parecen guiar notablemente nuestro camino. A estas alturas, tu vida se convierte en una serie de milagros predecibles. En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas… Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos diarios cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que llama nuestra atención.
Puede que nos dé por pensar en un viejo amigo que hacía años que no acudía a nuestra mente y luego, después de haberlo olvidado por completo, resulta que al día siguiente nos encontramos con él… Las coincidencias puede que tengan que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o con la súbita comprensión de que la experiencia que vivimos en el pasado, con cierto interés, era en realidad una preparación para proporcionarnos una nueva oportunidad. Al margen de los detalles con que pueda presentarse una coincidencia particular, el hecho es que resulta demasiado improbable que haya sido consecuencia del azar o la mera casualidad… En cierto modo sentimos que tales acontecimientos estaban de algún modo predestinados, que se esperaba que sucedieran exactamente en el momento en el que lo han hecho con el fin de reorientar nuestras vidas hacia una nueva e inspiradora dirección.
Cada vez somos más las personas que tomamos consciencia de las coincidencias significativas que suceden cada día. Algunos de estos hechos son grandes y llamativos. Otros son pequeños, casi imperceptibles. Pero todos son una prueba de que no estamos solos, de que hay un proceso espiritual misterioso que influye en nuestras vidas. Una vez que tenemos la experiencia del sentimiento de inspiración y vida que tales percepciones evocan, es casi imposible no prestarles atención.
Comenzamos a ponernos alerta ante este tipo de hechos, a esperarlos, y a buscar una comprensión filosófica más elevada de su aparición. De acuerdo con la tradición Védica, hay solo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación: Primero, la sensación es que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más. Segundo, en cada área de su vida, comienza a notar una gran cantidad de eventos sincrónicos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez”.
No hay casualidad, solo causalidad. No hay coincidencias, solo Diosidencias. Somos uno con el Universo y el Universo en uno con nosotros. Todos somos parte de todo.
Sincronízate
Sincronízate.
Déjame compartirte algo especial que me regalaron hace poco. “Cuando llegamos a una edad avanzada y evocamos nuestra vida, esta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. Así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos, que nuestra consciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas que conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas.
La totalidad de estos elementos se unen como una gran sinfonía, y todo se estructura no conscientemente con todo lo demás…El grandioso sueño de un solo soñador, en donde todos los personajes del sueño también sueñan… Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada.
Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello, que siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía. Si estamos verdaderamente comprometidos a realizar nuestro sueño, descubriremos que existe una fuerza poderosa que está más allá de nosotros y nuestra voluntad consciente, una fuerza que nos apoya en el camino, alimentando nuestra búsqueda y transformación.
A menudo he tenido experiencias, aparentemente accidentales, tanto en el trabajo como en mi vida privada, y siempre me he sentido intrigado por ellas y me he preguntado cómo ocurren… Mi indagación de la sincronicidad surgió de una serie de sucesos existenciales que me llevaron a un proceso de transformación interna…
Las cosas empezaron a encajar sin esfuerzo y empecé a descubrir personas notables que me prestarían un apoyo inestimable. Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes.
Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearán automáticamente. Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil. Hay dos cosas en las que he llegado a creer, implícitamente, acerca del mundo en el que vivimos, una es que nada de lo que en él ocurre es independiente de cualquier otra cosa.
La otra es que nada de lo que ocurre es completamente fortuito y producto del azar. Estas dos creencias son parte de la misma intuición: si todo lo que ocurre esta de alguna manera enlazado con todo lo demás, ello quiere decir que todo actúa de alguna manera sobre todo lo demás. Nada ocurre de una manera puramente azarosa. No existe tal cosa que sea pura coincidencia. Cuando algo ocurre, lo hace en cierta relación, a pesar de su probabilidad aparentemente sútil, con otras que pasan o han pasado dentro de esa región de espacio y de tiempo.
Todos hemos tenido esos momentos perfectos en los que todas las cosas parecen encajar de una manera casi increíble en los que los sucesos que no podíamos prever, y mucho menos controlar, parecen guiar notablemente nuestro camino. A estas alturas, tu vida se convierte en una serie de milagros predecibles. En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas… Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos diarios cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que llama nuestra atención.
Puede que nos dé por pensar en un viejo amigo que hacía años que no acudía a nuestra mente y luego, después de haberlo olvidado por completo, resulta que al día siguiente nos encontramos con él… Las coincidencias puede que tengan que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o con la súbita comprensión de que la experiencia que vivimos en el pasado, con cierto interés, era en realidad una preparación para proporcionarnos una nueva oportunidad. Al margen de los detalles con que pueda presentarse una coincidencia particular, el hecho es que resulta demasiado improbable que haya sido consecuencia del azar o la mera casualidad… En cierto modo sentimos que tales acontecimientos estaban de algún modo predestinados, que se esperaba que sucedieran exactamente en el momento en el que lo han hecho con el fin de reorientar nuestras vidas hacia una nueva e inspiradora dirección.
Cada vez somos más las personas que tomamos consciencia de las coincidencias significativas que suceden cada día. Algunos de estos hechos son grandes y llamativos. Otros son pequeños, casi imperceptibles. Pero todos son una prueba de que no estamos solos, de que hay un proceso espiritual misterioso que influye en nuestras vidas. Una vez que tenemos la experiencia del sentimiento de inspiración y vida que tales percepciones evocan, es casi imposible no prestarles atención.
Comenzamos a ponernos alerta ante este tipo de hechos, a esperarlos, y a buscar una comprensión filosófica más elevada de su aparición. De acuerdo con la tradición Védica, hay solo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación: Primero, la sensación es que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más. Segundo, en cada área de su vida, comienza a notar una gran cantidad de eventos sincrónicos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez”.
No hay casualidad, solo causalidad. No hay coincidencias, solo Diosidencias. Somos uno con el Universo y el Universo en uno con nosotros. Todos somos parte de todo.
¡Hoy es el mejor día de tu vida!
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