Cuando escuchamos la palabra EXTRAORDINARIO casi siempre nos remitimos a interpretar cosas mas allá de nuestras posibilidades, cosas quizás imposibles de lograr. Esta creencia nos pone en el paradigma de no poder. Algo, quizás que solo unos pocos lograrán.
Déjame proponerte una nueva interpretación: Ser extraordinario no se refiere a hacer cosas magnánimas, mas allá de nuestras posibilidades; de lo que se trata es de hacer pequeños extras que la gente ordinaria, ordinariamente no hace. Y no es que ser ordinario sea malo o bueno, es que si tú deseas ser mejor debes de hacer extras que normalmente no haces.
A lo que te invito es a que si deseas realmente ser mejor, debes proponerte actuar de manera diferente o tomar acciones simples que antes no hacías. Por ejemplo:
Qué tal si: Todos los días antes de empezar tu jornada piensas en un OBJETIVO para el día? Un objetivo que no tenga que ver con tu trabajo, que tenga que ver con tu sentirte bien y hacer sentir a otros bien. No se trata de cosas complicadas o difíciles, solo de pequeñas acciones que te hagan hacerle un sentido diferente al día: “Hoy voy a…tomarme un café con un amigo que hace tiempo no saludo”, por ejemplo. “Hoy voy a… llamar a un hermano a decirle que lo extraño y que lo amo”; “Hoy voy a… dedicar una hora de mi tiempo a jugar con mis hijos”, etc. Pequeñas cosas que le hagan sentido de manera diferente a nuestros días.
Hay una magia particular en esto: al final del día, sin importar si fue bueno o malo, llegaremos a la cama con una sonrisa en nuestros labios, con la sensación de que hemos obtenido un logro y nuestro descansar será profundo y reparador.
La diferencia entre ser ordinario y extraordinario está en nuestra capacidad para hacerle sentido a cada día a partir de esas acciones que nos generan sensaciones de bienestar y que no dependen de nadie más que de mi mismo.
¡Inténtalo! ¿Qué pierdes?
Extra-ordinario ¿cómo serlo?
Cuando escuchamos la palabra EXTRAORDINARIO casi siempre nos remitimos a interpretar cosas mas allá de nuestras posibilidades, cosas quizás imposibles de lograr. Esta creencia nos pone en el paradigma de no poder. Algo, quizás que solo unos pocos lograrán.
Déjame proponerte una nueva interpretación: Ser extraordinario no se refiere a hacer cosas magnánimas, mas allá de nuestras posibilidades; de lo que se trata es de hacer pequeños extras que la gente ordinaria, ordinariamente no hace. Y no es que ser ordinario sea malo o bueno, es que si tú deseas ser mejor debes de hacer extras que normalmente no haces.
A lo que te invito es a que si deseas realmente ser mejor, debes proponerte actuar de manera diferente o tomar acciones simples que antes no hacías. Por ejemplo:
Qué tal si: Todos los días antes de empezar tu jornada piensas en un OBJETIVO para el día? Un objetivo que no tenga que ver con tu trabajo, que tenga que ver con tu sentirte bien y hacer sentir a otros bien. No se trata de cosas complicadas o difíciles, solo de pequeñas acciones que te hagan hacerle un sentido diferente al día: “Hoy voy a…tomarme un café con un amigo que hace tiempo no saludo”, por ejemplo. “Hoy voy a… llamar a un hermano a decirle que lo extraño y que lo amo”; “Hoy voy a… dedicar una hora de mi tiempo a jugar con mis hijos”, etc. Pequeñas cosas que le hagan sentido de manera diferente a nuestros días.
Hay una magia particular en esto: al final del día, sin importar si fue bueno o malo, llegaremos a la cama con una sonrisa en nuestros labios, con la sensación de que hemos obtenido un logro y nuestro descansar será profundo y reparador.
La diferencia entre ser ordinario y extraordinario está en nuestra capacidad para hacerle sentido a cada día a partir de esas acciones que nos generan sensaciones de bienestar y que no dependen de nadie más que de mi mismo.
¡Inténtalo! ¿Qué pierdes?
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