Se acerca de nuevo el fin del año y en estos tiempos de la prisa: la tecnología del GPS, el celular, la globalización, las redes sociales y la portabilidad; la vida sucede en el ritmo de lo urgente. Hemos creado la tecnología para “hacer nuestra vida más amable y cómoda”, sin embargo, nos hemos convertido en sus esclavos. Aunque nos facilita la vida, también nos la quita, aquella ruleta en la que el ganador parece ser el que primero llega, el que más logros alcanza o el que más acumula.
Me preguntaba ¿por qué cada fin de año nos llenamos de tantas inquietudes? ¿Cómo gastar o invertir nuestro dinero, si viajes, si fiestas, si regalos o celebraciones? Y me doy cuenta que todo aquello se refiere a nuestra existencia ante los ojos del otro. Así, los ojos de los otros reflejan nuestra riqueza o estilo de vida. Por eso tenemos tanto afán durante el año, y cada día estamos en lo urgente, porque precisamos alcanzar para mostrar y ver nuestra identidad reflejada en los ojos de los otros. Y nos vamos por la vida adquiriendo mucho y logrando poco. Entonces lo que impresiona a los otros es los que poseemos, jamás lo que somos.
Por eso nos perdemos en ese reflejo, porque sólo habla de nuestro exterior y no del interior. En esta época de reflexión e inquietudes respecto al resultado de nuestro balance, la invitación es invertir en conocerte a ti mismo y en regalarte la posibilidad de ir hacia tu interior. De la meditación aprendí que significa cerrar nuestros ojos, no mirar el reflejo sino mirar nuestro propio ser, caminar hacia el vacío interior, que carece de posesiones y trajes, el que te muestra el poder de la intuición que jamás escuchamos por tanto ruido, el que hacemos con el lenguaje, las emociones y los pensamientos.
Regálate la posibilidad de darle a esta Navidad la reflexión, el silencio, la sensación del abrazo, de la oración, detente en las sonrisas de los niños, en los rostros agradecidos, en el placer de dar y de escuchar al amor dentro de ti.
En Navidad… ¿ser o parecer?
Se acerca de nuevo el fin del año y en estos tiempos de la prisa: la tecnología del GPS, el celular, la globalización, las redes sociales y la portabilidad; la vida sucede en el ritmo de lo urgente. Hemos creado la tecnología para “hacer nuestra vida más amable y cómoda”, sin embargo, nos hemos convertido en sus esclavos. Aunque nos facilita la vida, también nos la quita, aquella ruleta en la que el ganador parece ser el que primero llega, el que más logros alcanza o el que más acumula.
Me preguntaba ¿por qué cada fin de año nos llenamos de tantas inquietudes? ¿Cómo gastar o invertir nuestro dinero, si viajes, si fiestas, si regalos o celebraciones? Y me doy cuenta que todo aquello se refiere a nuestra existencia ante los ojos del otro. Así, los ojos de los otros reflejan nuestra riqueza o estilo de vida. Por eso tenemos tanto afán durante el año, y cada día estamos en lo urgente, porque precisamos alcanzar para mostrar y ver nuestra identidad reflejada en los ojos de los otros. Y nos vamos por la vida adquiriendo mucho y logrando poco. Entonces lo que impresiona a los otros es los que poseemos, jamás lo que somos.
Por eso nos perdemos en ese reflejo, porque sólo habla de nuestro exterior y no del interior. En esta época de reflexión e inquietudes respecto al resultado de nuestro balance, la invitación es invertir en conocerte a ti mismo y en regalarte la posibilidad de ir hacia tu interior. De la meditación aprendí que significa cerrar nuestros ojos, no mirar el reflejo sino mirar nuestro propio ser, caminar hacia el vacío interior, que carece de posesiones y trajes, el que te muestra el poder de la intuición que jamás escuchamos por tanto ruido, el que hacemos con el lenguaje, las emociones y los pensamientos.
Regálate la posibilidad de darle a esta Navidad la reflexión, el silencio, la sensación del abrazo, de la oración, detente en las sonrisas de los niños, en los rostros agradecidos, en el placer de dar y de escuchar al amor dentro de ti.
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