No cabe la menor duda que la pobreza no es solo económica: es mental, emocional, corporal, social y espiritual. No me cabe en la cabeza que un país como Colombia, con los recursos que poseemos seamos uno de los países con mayor desigualdad social del planeta.
Somos pobres mentalmente, porque pensamos que las cosas se obtienen sin dedicación y disciplina. Somos pobres emocionalmente porque permanentemente le echamos la culpa a otros de nuestra pobreza. Somos pobres corporalmente, porque rompimos nuestra estructura de coherencia y no somos capaces de decir lo que pensamos, ni de expresar lo que sentimos, ni de hacer lo que queremos. Ni siquiera nos ejercitamos para estar saludables. Somos pobres socialmente, porque no somos capaces de crear espacios de confianza en los otros, ni en nosotros para abrir las puertas del compromiso de trabajar juntos en espíritu de armonía con un propósito común. Somos pobres espiritualmente, porque no encontramos un sentido de propósito a lo que hacemos o queremos ser. Somos pobres porque creemos que la vida es una lucha, donde hay que hacer máximos esfuerzos para medio sobrevivir.
La riqueza y el éxito son una construcción colectiva en la que las personas se juntan disciplinadamente a apoyarse mutuamente en la conquista de sus sueños. La disciplina trae impecabilidad, que trae compromiso que trae resultados. Si nos comprometemos a empezar a las 8:00 a.m. es a las 8:00 a.m., no puede ser que empecemos a las 8:30 y no pase nada. No puede ser que me digas que me llamas, y no me llamas y no pasa nada. Si aceptamos la mediocridad de otros, seremos entonces mediocres también. Si aceptamos la indisciplina de otros, entonces seremos pobres también. Disciplínate y enseña con tu ejemplo.
Disciplínate
Disciplínate
No cabe la menor duda que la pobreza no es solo económica: es mental, emocional, corporal, social y espiritual. No me cabe en la cabeza que un país como Colombia, con los recursos que poseemos seamos uno de los países con mayor desigualdad social del planeta.
Somos pobres mentalmente, porque pensamos que las cosas se obtienen sin dedicación y disciplina. Somos pobres emocionalmente porque permanentemente le echamos la culpa a otros de nuestra pobreza. Somos pobres corporalmente, porque rompimos nuestra estructura de coherencia y no somos capaces de decir lo que pensamos, ni de expresar lo que sentimos, ni de hacer lo que queremos. Ni siquiera nos ejercitamos para estar saludables. Somos pobres socialmente, porque no somos capaces de crear espacios de confianza en los otros, ni en nosotros para abrir las puertas del compromiso de trabajar juntos en espíritu de armonía con un propósito común. Somos pobres espiritualmente, porque no encontramos un sentido de propósito a lo que hacemos o queremos ser. Somos pobres porque creemos que la vida es una lucha, donde hay que hacer máximos esfuerzos para medio sobrevivir.
La riqueza y el éxito son una construcción colectiva en la que las personas se juntan disciplinadamente a apoyarse mutuamente en la conquista de sus sueños. La disciplina trae impecabilidad, que trae compromiso que trae resultados. Si nos comprometemos a empezar a las 8:00 a.m. es a las 8:00 a.m., no puede ser que empecemos a las 8:30 y no pase nada. No puede ser que me digas que me llamas, y no me llamas y no pasa nada. Si aceptamos la mediocridad de otros, seremos entonces mediocres también. Si aceptamos la indisciplina de otros, entonces seremos pobres también. Disciplínate y enseña con tu ejemplo.
¡Hoy es el mejor día de tu vida!
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