Lo que aún no sabemos muchos de los seres humanos es que nuestro cuerpo es un contenedor de información. En cada una de nuestras células está depositada la información referida a la experiencia, el conocimiento universal, la sabiduría de nuestros antepasados y el propio conocimiento. Dado esto, es natural que las respuestas que buscamos fuera, en el otro, en el trabajo, en las circunstancias, estén adentro, en ti, y se materialicen en lo que observas. Es así como todo lo externo es resultado de tu mundo interior y no es causa del destino, es tu reflejo y tu creación.
Si te detienes a observarte, a sentir las sensaciones que hay en tu cuerpo, accedes a información relevante para tu trascendencia y evolución como ser humano; puedes darte cuenta por ejemplo del por qué se gestó ese dolor en tu espalda, o ese dolor abdominal que te irrita. Al escucharte accedes a tu estado superior de conciencia, este estado te permite observar las señales sutiles: una palabra mencionada en la radio, la letra de una canción, la información de una cartel colgado por ahí o tal vez un día no fácil; y encontrar allí la información apropiada para ti, la exacta en este momento de tu vida.
De repente puedes ver que justo al frente de tu casa hay un árbol hermoso, que la mirada de tu hijo es profunda, que tu pareja está triste, que tu vecina está preocupada, que tienes una vecina que no conocías, que la comida sabe más, que hay más soluciones de las que consideraste antes, que has ignorado a tus amigos, que el cielo está azul, puedes comprender la letra de la canción que tatareabas, observar la mirada de tus padres y descubrir que los conoces aún más profundamente.
Resulta que ese árbol maravilloso siempre estuvo ahí, estas cosas maravillosas que descubres cuando elevas tu conciencia son el resultado de vivir en el presente, en plena conciencia, en el aquí y el ahora ¿Cómo lograr esta conciencia en plenitud? Ocúpate de lo esencial, de la calidad de tus pensamientos, de tu cuerpo, de tus emociones, de tus relaciones, de tu conexión con lo espiritual.
Las preguntas, las respuestas, siempre están en ti.
¡ANIMATE A SER FELIZ, ESCUCHA LAS SEÑALES!
Anímate a ser feliz ¡Escucha las señales!
Lo que aún no sabemos muchos de los seres humanos es que nuestro cuerpo es un contenedor de información. En cada una de nuestras células está depositada la información referida a la experiencia, el conocimiento universal, la sabiduría de nuestros antepasados y el propio conocimiento. Dado esto, es natural que las respuestas que buscamos fuera, en el otro, en el trabajo, en las circunstancias, estén adentro, en ti, y se materialicen en lo que observas. Es así como todo lo externo es resultado de tu mundo interior y no es causa del destino, es tu reflejo y tu creación.
Si te detienes a observarte, a sentir las sensaciones que hay en tu cuerpo, accedes a información relevante para tu trascendencia y evolución como ser humano; puedes darte cuenta por ejemplo del por qué se gestó ese dolor en tu espalda, o ese dolor abdominal que te irrita. Al escucharte accedes a tu estado superior de conciencia, este estado te permite observar las señales sutiles: una palabra mencionada en la radio, la letra de una canción, la información de una cartel colgado por ahí o tal vez un día no fácil; y encontrar allí la información apropiada para ti, la exacta en este momento de tu vida.
De repente puedes ver que justo al frente de tu casa hay un árbol hermoso, que la mirada de tu hijo es profunda, que tu pareja está triste, que tu vecina está preocupada, que tienes una vecina que no conocías, que la comida sabe más, que hay más soluciones de las que consideraste antes, que has ignorado a tus amigos, que el cielo está azul, puedes comprender la letra de la canción que tatareabas, observar la mirada de tus padres y descubrir que los conoces aún más profundamente.
Resulta que ese árbol maravilloso siempre estuvo ahí, estas cosas maravillosas que descubres cuando elevas tu conciencia son el resultado de vivir en el presente, en plena conciencia, en el aquí y el ahora ¿Cómo lograr esta conciencia en plenitud? Ocúpate de lo esencial, de la calidad de tus pensamientos, de tu cuerpo, de tus emociones, de tus relaciones, de tu conexión con lo espiritual.
Las preguntas, las respuestas, siempre están en ti.
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