Los seres humanos somos esencialmente seres emocionales. Danzamos emocionalmente entre sensaciones que nos posibilitan o imposibilitan la vida. Muchas son las emociones: tristeza, alegría, rabia, erotismo, temor, ternura. Casi siempre sabemos por qué estamos en una emoción determinada.
También sucumbimos ante nuestros estados de ánimo: resignación, resentimiento, ambición o aceptación. Son profundos y recurrentes, caracterizan a las personas, no siempre remiten a eventos concretos. No siempre sabemos por qué estamos en un estado de ánimo determinado.
Sin embargo, y no obstante esta danza emocional, en nosotros solo existe un sentimiento: el amor. La falta de él: el miedo.
Luchamos contra nuestro miedo y lo reforzamos con más temores. No se pelea con el miedo: se ama y desaparece.
El miedo surge en nosotros como un pensamiento, es un juicio: “un cuento que me echo y que me creo”. Nunca el miedo es real. Solo habita en nuestra mente y nosotros le damos vida.
Nuestra naturaleza humana nos protege, nacimos para vivir, no para sobrevivir. Por lo tanto, ama aquello que temes y el temor irremediablemente se disolverá.
Acepta el miedo, ámalo y desaparecerá
Los seres humanos somos esencialmente seres emocionales. Danzamos emocionalmente entre sensaciones que nos posibilitan o imposibilitan la vida. Muchas son las emociones: tristeza, alegría, rabia, erotismo, temor, ternura. Casi siempre sabemos por qué estamos en una emoción determinada.
También sucumbimos ante nuestros estados de ánimo: resignación, resentimiento, ambición o aceptación. Son profundos y recurrentes, caracterizan a las personas, no siempre remiten a eventos concretos. No siempre sabemos por qué estamos en un estado de ánimo determinado.
Sin embargo, y no obstante esta danza emocional, en nosotros solo existe un sentimiento: el amor. La falta de él: el miedo.
Luchamos contra nuestro miedo y lo reforzamos con más temores. No se pelea con el miedo: se ama y desaparece.
El miedo surge en nosotros como un pensamiento, es un juicio: “un cuento que me echo y que me creo”. Nunca el miedo es real. Solo habita en nuestra mente y nosotros le damos vida.
Nuestra naturaleza humana nos protege, nacimos para vivir, no para sobrevivir. Por lo tanto, ama aquello que temes y el temor irremediablemente se disolverá.
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