¿Qué guía tu vida emocional?

¿QUE GUÍA TU VIDA EMOCIONAL?

Una teoría general sobre el amor.

Amor, relaciones, conexión emocional… Todos los situamos en el centro de nuestras vidas y aún así, seguimos desconociendo sus misterios.

¿Por qué nos enamoramos? ¿De quién nos enamoramos? ¿Qué mecanismos biológicos hacen posible la magia del flechazo? ¿Cuál es el secreto de una relación armónica y duradera? ¿Por qué la ruptura, el rechazo o el abandono nos sumen en un caos emocional?

Si examinamos los estudios científicos sobre el fenómeno del amor y las conexiones humanas e integramos los hallazgos más recientes de las ciencias sociales, la neurociencia y la biología evolutiva, encontramos respuestas a estas preguntas.

Vamos a realizar un breve viaje por el enigmático mundo del amor, las emociones y las relaciones afectivas.

Descubriremos los mecanismos que guían nuestras elecciones amorosas, los cambios cuerpo-mente que se producen durante una relación de pareja, por qué las rupturas activan un mecanismo biológico conocido como respuesta de desesperación (presente en todos los mamíferos)… y qué podemos hacer al respecto.

Las emociones, los lazos afectivos y el amor son las raíces de todo lo que hacemos. No en vano, estos productos de nuestro sistema límbico nos han acompañado durante más de 100 millones de años.

Aunque le damos más importancia a lo mental sobre lo emocional, lo cierto es que la corteza prefrontal constantemente recibe directrices del sistema límbico, uno de los tres sistemas que conforman nuestro cerebro: la forma en que hablamos, planificamos, razonamos o abstraemos están fuertemente influidas por lo que sucede en nuestro sistema límbico. Nuestras acciones y comportamientos, así como nuestros procesos cognitivos, laten al compás de la emocionalidad…

¿Quién guía tus elecciones amorosas?

A pesar de nuestra naturaleza emocional, amor y relaciones siguen estando rodeados de misterio, pasión y drama.

¿Por qué nos resulta tan complicado? Mientras que algunos se rinden a pensar que el amor es una especie de rompecabezas, todo parece indicar que nuestros obstáculos amatorios son resultado de la inercia. Aunque nos creemos dueños de todas nuestras elecciones románticas, lo cierto es que nuestra mente está programada para reproducir patrones automatizados.

Nuestro comportamiento amoroso depende de nuestras ideas acerca del amor, y estas ideas acerca del amor están codificadas en nuestra memoria. Las memorias son experiencias que nuestro cerebro concentra en redes dinámicas de neuronas; con el tiempo, estas redes/memorias evolucionan hacia un patrón.

Cada vez que nuestra vida amorosa vive un nuevo episodio (en bienestar o malestar, no importa) el cerebro toca las cuerdas emocionales y conecta el pasado con el presente. Las redes neuronales que almacenan nuestras memorias son estimuladas, el patrón se activa, recuperamos aquellas experiencias… y reaccionamos automáticamente.

Nos guste o no, nuestras mentes están cargadas de inercia. Y nuestras relaciones de pareja están especialmente sujetas a esta inconsciencia.

Es decir, tus ideas acerca del amor están almacenadas en tu memoria, y tu memoria está formada por redes neuronales que condicionan tus relaciones.

¿Qué puedes hacer al respecto?

Primero comprendiendo cómo tu cerebro almacena información y forma memorias.

En primer lugar, existe una Memoria Cerebral,  que habita en tus neuronas y que se sirve de la consciencia ordinaria, aquella que registra conscientemente lo que percibimos y experimentamos. Si memorizas estos renglones, estás haciendo uso de la memoria cerebral.

Pero existe también algo llamado Memoria Celular, y la huella que deja en tu vida amorosa es tan colosal que más te vale empezar a familiarizarte con ella. La memoria celular no se sirve de la realidad, sino que almacena información con base en mecanismos que todavía no llegamos a comprender (intuición, revelaciones, inteligencia natural, consciencia colectiva… emociones o ninguna de estas, quién sabe). Por ejemplo, tu idioma es el resultado de una formación laberíntica de normas fonológicas y gramaticales que no puedes explicar pero que, como hablante nativo, conoces y sabes cómo usar. Puedes hablar gracias a que tu memoria celular te permitió aprender tu idioma.

Y aquí llega lo realmente impactante: aprendiste a amar de la misma forma que aprendiste a hablar. Es nuestra memoria celular quién toma las riendas de nuestra vida sentimental, condicionando nuestros comportamientos y nuestras elecciones.

 Por mucho que creas que a ti esto no te sucede, la ciencia tiene un arsenal de evidencia que seguramente te sacará de la ilusión en el que tu cerebro límbico quiere mantenerte.

 

Detrás del brillante motor analítico de la razón y la consciencia ordinaria existe un poder silencioso, oculto, complejo y desconocido que permea todo lo que hacemos, impulsándonos a ejecutar determinadas acciones sin que sepamos muy bien por qué. Y es este misterioso mecanismo el que guía nuestras elecciones amorosas.

 Nuestro comportamiento amoroso es el resultado de patrones emocionales adquiridos, aprendidos, estructurados, que funcionan por sí mismos sin que tengamos la menor idea de cómo lo hacen. Del mismo modo que adquirimos el lenguaje de forma celular, aprendimos a emocionarnos y a enamorarnos de forma celular.

 Cada vez que conocemos a alguien, el sistema límbico evalúa la naturaleza de las intenciones de la otra persona (agresividad, amistad, frialdad, atracción sexual…). Y de este análisis inconsciente, inmediato y secreto podemos salir enamorados en cuestión de segundos.

 Una vez que nuestro sistema límbico ha leído el estado emocional de la otra persona, empieza a tocar su melodía: envía señales a la corteza prefrontal, y es entonces cuando pensamos  “me gusta esta persona”. Al mismo tiempo, las señales límbicas viajan a regiones premotoras de la corteza, al sistema endocrino y el sistema Básico.

 Así es, constantemente detectamos el estado emocional de otros y realizamos cambios fisiológicos apropiados para emparejarnos con ese estado que observamos y sentimos. Este mecanismo biológico se conoce como resonancia límbica.  Las emociones son contagiosas.Una sinfonía de intercambios psicobiológicos en la que dos mamíferos se adaptan al estado emocional del otro. Nuestras mentes reverberan silenciosamente, y esta reverberación modifica nuestras funciones biológicas suavemente sin que siquiera seamos conscientes de ello. 

Esta es una muy buena noticia: puede que nos enamoremos implícita e inconscientemente, pero la teoría de la resonancia límbica nos muestra que existe también una forma de hacer que este proceso sea iluminado por la luz de nuestra consciencia. Si aprendemos a calmar el ruido mental de nuestro sistema  neocortical y permitimos que la sensorialidad límbica capte las emanaciones de la resonancia que nos llega de la otra persona de forma transparente y sin distorsiones, las melodías emocionales comenzarán a penetrar. Si estamos presentes, plenamente presentes, conectaremos con esa persona. A medida que permitimos esta resonancia, comenzamos a experimentar parte de los sentimientos del otro, su particular forma de caminar por el mundo. Encontramos un punto de encuentro, un territorio emocional común.

 La primera pieza para la conexión emocional es un reconocimiento límbico mutuo: tener a alguien que escuche y capte nuestra esencia emocional mientras nosotros estamos plenamente presentes para captar y reconocer la esencia emocional del otro.

 La montaña rusa de las relaciones: regulación límbica y revisión límbica

 Imagina ahora que la resonancia límbica ha hecho un buen trabajo: tras la primera conexión ha surgido una relación amorosa. El cuento de hadas ha comenzado. Todo es brillante y habéis decidido vivir juntos en una dulce casita de chocolate.

Es aquí cuando ciertos ritmos corporales, llamados ritmos circadianos, se sincronizan con la actividad emocional del cerebro límbico de tu pareja. Nuestra arquitectura neural coloca las relaciones afectivas en el centro de nuestras vidas, así que no es de extrañar que estas tengan el poder de estabilizar nuestros procesos psicofisiológicos.

 A esto lo llamamos regulación límbica, que permite que los amantes modulen las emociones del otro, su neurofisiología, estado hormonal, humor, función inmune, ritmos de sueño…

 Es decir, nuestras mentes buscan crear armonía a través de la resonancia límbica, y nuestros ritmos fisiológicos buscan sincronización a través de la regulación límbica… pero aún hay más. Un amante puede cambiar la estructura límbica de su pareja. El amor nos transforma de forma literal: a medida que compartimos una vida en pareja, los mamíferos vamos moldeando nuestra biología mutuamente. A esto lo llamamos revisión límbica.

 En definitiva, ante la oscuridad de los procesos de memoria implícita que guían nuestras elecciones de pareja, poseemos 3 mecanismos biológicos que nos ayudan a crear armonía, sincronización y transformación mutua: resonancia, regulación y revisión límbica. ¿No es maravilloso?

 Ahora supongamos que, a pesar de todo lo bueno de nuestra relación, nuestros patrones inconscientes han tirado todo por tierra y el amorío llega a su fin. Nos quedamos solos en la casita de chocolate.

 Sin nuestra pareja cerca, los mecanismos límbicos descritos arriba dejan de ejercer su influjo. Y dado que parte de nuestra actividad neuronal depende de la presencia del sistema límbico de nuestra pareja, todo empieza a cambiar en nosotros: nuestras respuestas emocionales, nuestros pensamientos, nuestros ciclos de sueño, nuestra fisiología… y qué decir de nuestro humor. Hasta puede que nos veamos sumidos en la tristeza y la desesperación.

 De nuevo, la naturaleza tiene su explicación: cuando una cría (en el caso de los mamíferos) es separada de su madre por un período corto, su sistema límbico provoca una respuesta conocida como protesta. Si la separación es prolongada, la cría entra en un estado fisiológico de desesperación. Y bajo desesperación no solo nos sentimos desesperados, sino que un buen número de parámetros somáticos se vuelven “locos”. Cuando nos separamos de importantes figuras de apego (como es el caso de una pareja), los mamíferos caemos en un desorden somático que puede ser sentido como algo terrible.

 n así, no todos vivimos esta respuesta de desesperación de la misma forma. Todo dependerá de nuestra resiliencia, esa fabulosa capacidad que todos tenemos de hacer frente a la adversidad con fortaleza y claridad.

 Cuando nuestros mecanismos arcaicos entran en desesperación, la resiliencia actúa como antídoto que contrarresta los efectos nocivos del estrés y la amenaza. Observar la desesperación en calma, aceptando que forma parte de nuestra naturaleza y que tenemos los recursos interiores necesarios para transitar esta no fácil etapa hará que nuestras fortalezas interiores emerjan.

 Ahora que hemos conocido los mecanismos biológicos que guían nuestras elecciones sentimentales, vamos a conocer qué podemos hacer para que estas sean más conscientes, plenas y armónicas.

 Ya hemos visto que nuestras ideas acerca del amor provienen de lo que aprendimos a edades tempranas. Son ideas inculcadas por familia, sociedad y cultura. Pensamos que el amor debe ser así y debe sentirse así.

 El primer paso para la libertad emocional es una toma de consciencia: nuestras ideas del amor no representan al amor. Solo se representan a sí mismas. Darnos cuenta de algo tan simple como esto nos ayudará a tomar distancia de nuestras rígidas ideas y creará la predisposición interior a responsabilizarnos de los cambios que necesitamos realizar en nuestra vida antes de aventurarnos a querer siempre cambiar al otro.

 Nuestras ideas erróneas acerca del amor atraerán relaciones toxicas. No es cuestión de suerte, sino cuestión de consciencia y actitud. Y podemos reprogramar los patrones neuronales que causan tanto conflicto. Una de las vías más eficaces para esta reprogramación es la práctica continuada de ejercicios mente-cuerpo, que nos traerán claridad mental y nos ayudarán a tomar decisiones más conscientes, intuitivas.  Podremos ver desde una sana distancia nuestras ideas y actitudes erróneas, y nos abriremos a nuevas formas de relacionarnos con esas ideas, actitudes y comportamientos.

 Además, las prácticas mente-cuerpo nos ayudan a eliminar ese ruido mental que nos impide captar la resonancia límbica de la otra persona, facilitando una conexión emocional más genuina.

 El amor no puede ser extraído, ordenado, demandado o sonsacado. Solo puede ser dado. El amor nos posee, el amar es una decisión consciente. Decidimos reconocernos y reconocer al otro. Es un acto de entrega responsable, sin reticencias.

 La forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, con nuestros propios pensamientos, sentimientos y emociones, es el pedestal sobre el que se asienta nuestra vida amorosa. Cuando aprendemos a estar presentes, básicamente estamos aprendiendo a evitar que nuestras ideas implícitas acerca del amor vuelvan a meternos, una vez más, en otra de esas relaciones perniciosas.

 La cuota que pagamos por apegarnos de forma obstinada a nuestras opiniones sustentadas por emociones, hábitos, memorias y creencias estancadas, es muy alta.

 Pensar y Sentir son impostores que siempre nos están engañando. Finalmente cuando pensamos, lo que hacemos en realidad es interpretar mentalmente lo que observamos, cuando sentimos, de igual manera, lo que hacemos es interpretar emocionalmente lo que observamos. Nadie puede decir como son las cosas, escasamente podemos hablar de cómo las interpretamos, y como las interpretamos así no son. 

 Cuando amas, no lo haces ni con tu mente, ni con tu corazón…es una sinfonía de energía alta, sutil y rápida que habita en la esfera de lo que es elevado sin razón y sin emoción… con consciencia, nada comprensible por tu mente racional…y tus patrones emocionales.

 El camino para hacerse cargo, simple.

 Eliminar el ruido mental y emocional.

 La forma: Consciencia.

La ruta: El silencio.

La Accion esencial: Darse.

La trampa: Esperar

La herida: Reaccionar

El horizonte: Quedarse en el asombro

El filtro: La Fe


Que hoy sea el mejor día de tu vida.
Alberto Pierotti

Compartir:

Otras publicaciones relacionadas

belleza_ser_portada_blog_biocoaching

La belleza de ser.

LA BELLEZA DE SER. La belleza no hace feliz al que la posee, Sino a quien puede amarla y adorarla....
lealtad_portada_blog_biocoaching

Lealtad

LEALTAD. Lealtad Significa Confianza, Fidelidad y Unidad La lealtad también significa constancia y sinceridad en lo pactado. Por lealtad, una...
riqueza_portada_blog_biocoaching

Riqueza

RIQUEZA. Según el sentido común , la Riqueza es la “abundancia de recursos valorables” Desde otra orilla, la Riqueza no...
esfuerzo_portada_blog_biocoaching

Esfuerzo

TODO LO QUE SIGNIFIQUE ESFUERZO, ¡SUELTALO!. El concepto de esfuerzo se emplea con referencia al uso intenso de la fuerza,...
plantilla_foto_blog_WEB

Con pazion.

CON PAZION. ENCENDER LA PAZ La compasión es la más elevada forma de amor. Se refiere al sentimiento que tiene...
miedo_portada_blog_biocoaching

No le tengas miedo al miedo

No le tengas miedo al miedo. El amor es el único sentimiento presente en el ser humano, el miedo es...